martes, 31 de julio de 2018

¿Conversación o contexto? ¿Qué priorizamos?

Cuándo queremos tratar un tema concreto con una persona o un grupo de personas, ¿en qué pensáis primero: en el tema de interés de los receptores o en dónde lo vamos a tratar?

Esta es una entrada que veo que puede parecer demasiado general y ambigüa. Sin embargo, creo que le podemos dedicar un momento de reflexión para compartir la opinión al respecto. Antes de comenzar a exponer mi opinión, matizaré que la palabra "contexto" de la pregunta la hago haciendo alusión al "lugar" y/o "ambiente" que elegimos y creamos para abordar el tema o situación problemática. También añadir que cuándo digo "tema" puede ser un tema concreto a intervenir con un colectivo a modo de prevención o un tema relacionado con una situación problemática personal o colectiva. Simplemente, hace referencia a la conversación que vayamos a tener.

Al estar redactando esta publicación, he comparado lo aprendido durante la carrera y lo que he experimentado (y sigo haciéndolo) en la realidad. He analizado que cuándo nos planteaban investigar y hacer un proyecto sobre un tema, nos centrábamos casi al 100% en el tema. Por lo que, poco pensábamos en qué ambiente de diálogo queríamos crear para ese aprendizaje significativo grupal o personal. Nos poníamos a buscar información y más información sobre ese tema elegido. Sin embargo, no pensábamos en cómo queríamos transmitir la información. Bueno, o al menos desde mi experiencia.
Ahora en la realidad profesional es cuándo me doy cuenta de que elegir el contexto apropiado para transmitir e intervenir sobre un tema concreto es casi más importante que el propio diálogo. Saber qué decir y qué hablar es igual de importante como decirlo en el momento y lugar adecuado. Si queremos tratar un tema que vemos que puede ser incómodo para la persona, debemos de hacerlo en un lugar dónde creamos que ésta se pueda sentar lo más cómoda posible.
Sí está claro, que los Edusos y las Edusas debemos de saber qué decir, cómo lo hacemos y con quién estamos hablando. Sin olvidarnos de dónde se lo decimos. Depende de nosotros el buscar un momento y hacer que ese momento elegido sea el más apropiado y acorde para lo que queremos tratar. Es con el rodaje profesional y la experiencia que vamos adquiriendo dónde podemos observar la importancia del contexto a elegir. Bueno al igual que con la gran mayoría de nuestras actuaciones y procesos de intervención a seguir.


Fotografía y diseño propio
Al estar tratando con personas tratamos con sus problemas personales y buscamos esas soluciones para mejorar su vida personal. Debemos de crear un ambiente positivo y enriquecedor para ello. 
Considero que si nosotrxs como profesionales somos unos referentes en el ámbito de la educación sociocultural, por así decirlo, debemos de saber tratar los temas con naturalidad. También depende de nosotros en hacer que esos tabús (o temas que pueden incomodar) se puedan abordar. Existen determinados temas que cuesta más trabajo hablar de ellos. El contexto adecuado elegido nos ayudará a esto. El seguir sembrando caminos de no reproducción de prejuicios. Aquí el sentido de la palabra tiene una gran repercusión. En función de cómo se lo transmitas a la persona, así ella seguirá ese camino.

Yo creo que el hablar con una persona paseando por la calle o en el coche de camino hacia un lugar del contexto comunitario es muy favorecedor para que la persona se sienta que forma parte de la sociedad. La persona ya está pasando por un proceso personal bastante difícil como para abordarlo en un lugar frío y seco. El contexto apropiado acompañará a que la conversación elegida se hable con total naturalidad y confianza. 

Para ir concluyendo con esta publicación considero que: el contexto debe de acompañar y ser la imagen de aquello que queremos tratar y hablar. El contexto es como el papel de un caramelo. La presentación de este es igual de importante o más que el tema a tratar. Un contexto exitoso es aquel que crea un ambiente de confianza entre el emisor (Educador Social) y el receptor (persona) adecuado y enriquecedor. Las personas somos demasiado visuales (bueno algunos más que kinestésicos) que otros, como para no hacerlo atractivo o adecuado a la personalidad de la persona con la que queremos intervenir.