miércoles, 4 de diciembre de 2019

Los centros de protección de menores como entorno de educación permanente

Cada vez me llena más de orgullo y sastisfacción que me pregunten a qué me dedico. Para otros profesionales cuyas profesiones son más reconocidas socialmente no les agradarán tanto este tipo de preguntas. Sin embargo, a mí como profesional de la Educación Social cuándo me lo preguntan veo la oportunidad maravillosa de poder defender y dar esa visibilidad y reconocimiento social que se merece la profesión. 

Mi definición con el paso de los años y de mi experiencia ha ido avanzando y sintetizando. En la actualidad, soy Educadora Social en un Centro de Menores. Cuándo me preguntan qué soy y a qué me dedico, lo principal que quiero trasmitirles es la importancia con la que tratamos con respeto y cuidado esas historias de vida personales de cada uno de los menores. Les han tocado vivir situaciones complicadas, injustas y en las que se han encontrado en indefensión total. Se han visto envueltxs en situaciones de desprotección en las que no entienden por qué les toca vivir eso o incluso se preguntan cómo pueden solucionarlo ellxs. 

Con este acercamiento social de la realidad creo que contribuyo a que se haga visible la necesidad de recursos de protección del menor para proporcionarles una educación permanente. En la sociedad aún sigue habiendo pensamientos de concebir al centro de menores como mera institución asistencial. Ese concepto del pasado aún sigue anclado. Así lo he observado en los comentarios de las personas con las que me preguntan al enterrarse que soy Educadora Social en un centro de protección. En el momento en el que comienzo a darles mera información teórica del proceso de intervención, les cambia su idea principal. La sociedad necesita también conocer los avances en recursos sociales ya sea para que sepan de su existencia para hacer un uso de ellos como para que puedan comprender y respetar las situaciones difíciles y complicadas por las que pasan otras personas no cercanas a ellas. Las personas que me lo preguntan me siguen y siguen haciendo preguntas de admiración y curiosidad por la labor social que prestamos. Se llegan a sorprender bastante cuándo les digo que un gran porcentaje de menores (de mi entorno profesional) vuelven con sus familias de origen, ya sea con los dos progenitores o con uno de ellos. Se sorprenden y se alegran de que personas como nosotros, dediquemos nuestra vida profesional a darles una protección, educación y cuidado a nuestra infancia presente y futura. En relación a esto, sí que quiero destacar que valoremos nuestro trabajo y todas esas dosis de educación que vamos compartiendo con lxs menores en defensa de la protección de la infancia maltratada. Apoyamos y damos al menor lo que necesita para que salga de la tormenta y pueda continuar mirando y viviendo con fuerza. Y lo fundamental de todo, que creemos en las oportunidades, en los cambios y en las evoluciones sociales.

En general, un centro de protección considero que es un recurso necesario tanto para proteger a la infancia  como para educar a las familias y así solucionar su situación problemática. 
Estxs menorxs necesitan de un ambiente seguro dónde se les eduque de forma permanente y puedan desarrollándose con seguridad y estabilidad integral. Esto es lo que les proporciona un centro de forma temporal, hasta que la familia biológica solvente su situación problemática o hasta que se haga efectiva la adopción. Es un recurso, desgraciadamente aún, muy necesario para defender a la infancia maltratada y desprotegida. 

En general, lo que define una buena intervención del Educador Social en los centros de protección es la actitud, la intención, el modo de comportarse y de acompañar al menor en cada una de los momentos en los que interviene con el menor. 

miércoles, 2 de octubre de 2019

2 octubre de 2019: celebrando el Día Internacional de la Educación Social


“Nuestra energía es nuestra fuerza”

Cuando me comunicaron el tema de participación en el carnaval de blogs de este año, daba la coincidencia de que unos días antes había escrito un post en el blog sobre la necesidad de dedicarse tiempo (y darse tiempo) a unx mismx. Creo que es  una necesidad emergente en la vida profesional del eduso y la edusa. Diariamente me digo a mí misma, y escucho a mis compañerxs, que necesitan de hacer ciertas actividades diarias en las que recargan y renuevan sus energías diarias. Cada uno busca sus estrategias personales para alimentar a ese "yo interior" y darle las energías necesarias para poder afrontar las nuevas vivencias con fuerza. Alguien que ni alimenta ni riega ese “yo interior”, podrá estar creciendo profesionalmente pero no personalmente. Considero que ambas deben de ir de la mano. Al menos, eso es lo que yo he experimentado y vivido, y así lo hago en mí día a día. Considero que esa energía favorece a la actitud con la que afrontemos la vida. Como bien expresé en una publicación anterior, antes que profesionales somos personas. Aunque tengamos momentos en los que nos veamos envueltos por esa monotonía diaria o pereza, también es de vital importancia buscar momentos de desconexión profesional y conexión personal, en la que nos auto-enriquezcamos. Y creedme, no solo se rellena ese frasquito interior de energía con unas vacaciones anuales. Quizás, el renovar esa energía interior requiere que nos tomemos un tiempo prolongado y atemporal para volver a las andadas con mayor fuerza. A mí me ha pasado, y a muchxs de los profesionales también. No preocuparxs. Creo que forma parte del crecimiento profesional y personal.
Está claro que cada uno de nosotrxs hemos elegido esta profesión persiguiendo esa vocación y esa pasión que nos sale desde dentro. Ingredientes imprescindibles para luchar contra las injusticias sociales y las situaciones problemáticas que se originan. Somos capaces de movilizar a grandes colectivos en situaciones varias de exclusión social, uniendo todas sus (y nuestras) fuerzas. Por ello, si queremos seguir siendo ese motor de cambio social transcendental, debemos de preocuparnos por nosotrxs mismxs y seguir desarrollando esa fuerza y ese poder interior que todxs llevamos dentro. 

Desde hace unos meses el crecimiento personal ha estado aún más presente en mí. He ido notando que por el nivel de esfuerzo y concentración que requiere mi turno de trabajo actual, he ido adquiriendo nuevos hábitos saludables para evitar esos picos de subidas de estrés y ansiedad. Al trabajar en una jornada laboral en turno rotativo de noches durante un año entero, y sin ser decisión propia, ha hecho que vea el crecimiento personal desde otra perspectiva en busca de nuevas técnicas adaptadas a mi ritmo de vida actual. De mí ha dependido que ese cambio, que al principio veía tan radical y cuesta arriba de afrontar, se convirtiera en algo ya superado. Ha sido uno de los años que he conseguido hacer otras cosas que tenía pendiente de hacer (y otras, que he tenido que pospones). Por ejemplo, me he olvidado de que los lunes existían (¿quién no lo ha deseado alguna vez?) y he podido disfrutar de unas vacaciones en verano (durante hace unos tres años no sabía ni lo que eso era). Como he explicado al principio de este párrafo, he tenido que aplazar algunos propósitos como son el continuar con el deporte. De estar practicar deporte diariamente a no poder practicarlo durante meses pues mi cuerpo no tenía energías suficientes y no podía llevarlo. En la actualidad, he conseguido volver a incorporarlo a mis cuidados personales gracias a los avances en crecimiento personal. Entre las nuevas técnicas que he ido incorporando a mis hábitos de autocuidado destaco: la iniciación a la meditación (lentamente pero ya con resultados que noto), preocuparme más por una alimentación sana (la llamada ahora "Realfood") y aprender a escuchar las llamadas de atención de mi cuerpo. 
Confieso que durante la carrera ya rondaba por mis pensamientos el quererse, el cuidarse y el sanarse. Aunque haciendo una introspección sobre mi persona y teniendo en cuenta el durante (como estudiante) y el después de mi (breve) experiencia profesional afirmo que durante la formación no se da la suficiente importancia a nuestro crecimiento personal. A pesar de que al principio de estudiar, la creencia no la tenía tan clara. Sin embargo, ahora sí que me doy cuenta de que es fundamental que los profesionales de la educación social tengamos esas heridas y situaciones personales cubiertas y sanadas para poder ser el hombro de apoyo socioeducativo de la persona. Solo recuerdo que con una profesora en concreto, tratamos este tema y ahí fue cuándo muchos de mis compañeros y yo fuimos reflexionando sobre nuestra persona.

Si de forma individual cada educador y educadora social se preocupa de ir a estudiar y/o trabajar con esas energías cargadas, todo lo demás vendrá rodado. Soy de las personas que creen que las “buenas vibras” se contagian (al igual que las negativas, obviamente). Las emociones son contagiosas, y de nosotrxs depende que las que transmitamos sean positivas. Esto es muy favorecedor para las intervenciones interdisciplinares o para trabajar en equipo.
En el ámbito laboral del educador social, también es fundamental que dentro de la formación a los trabajadores se dé esa importancia al ambiente profesional de trabajo. Éste también ayuda, y mucho, a que el trabajo fluya. El ambiente laboral debe de estar lleno de energía, y eso se consigue con la suma de todas las energías de los edusos y las edusas de ese equipo. 

Quiero finalizar esta publicación dedicada a la celebración del día de la Educación Social dándo las gracias al Colegio de Educadores y Educadoras Sociales de Cataluña por contad, por tercer año consecutivo, con mi humilde aportación.
¡Sigamos creciendo juntxs!

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Patrones generacionales en la educación

Cuándo nos preguntamos qué es la Educación o qué significa para nosotrxs, sobretodo para los profesionales del ámbito educacional, el primer calificativo que solemos darle es de "fundamental" o como "el todo de la persona". Nosotrxs como profesionales, estamos diariamente interviniendo con aspectos trasversales de la educación intrínseca de esa persona. Por ello, es muy relevante el  cuestionarnos qué significa para nosotrxs y para la persona. Así podemos profundizar más en conocer las carencias o necesidades de ésa educación intrínseca del "sujeto de la educación" de nuestra intervención socioeducativa.

Recuerdo que en primero de carrera de Educación Social una actividad práctica consistía en cuestionarnos qué era para cada unx de nosotrxs. En aquel momento, yo como persona recién llegada a la universidad y sin ser consciente total de lo que éste paso suponía para mi futuro profesional, me costó saber definirla (a pesar de ser la vértebra principal de mi carrera profesional). Creo que, por lo que recuerdo, esa definición fue algo superficial. A día de hoy, gracias a toda la experiencia que reúno, mi concepción sobre éste Gran Concepto ha cambiado y se ha ido completando bastante. 

Últimamente mis diferentes vivencias tanto personales como profesionales me han hecho añadir a ese Gran Concepto el pequeño matiz de que hay ciertos hábitos o costumbres generacionales de una familia que se siguen reproduciendo de generación en generación. Por lo que añado que la educación es algo más que lo que nos permite vivir y adaptarnos al medio social. Es un Gran Concepto dónde en el sistema familiar se van reflejando esas experiencias, vivencias y esquemas educacionales de ambos progenitores. O sea, que hay ciertos esquemas o patrones de educación que reproduce una generación sin saber el por qué. Cuántos de nosotrxs como Edusxs hemos detectado que uno de nuestros menores del centro está pasando o ha pasado por la misma situación que pasaron sus progenitores. Por poner un ejemplo. Es cuándo conocemos sus historias de vida, cuándo nos damos cuenta de ello. O cuándo, simplemente uno mismo lo experimenta en su ser. La Educación Familiar es mucho más que ser el principal agente institucional (muchos estudios lo nombran así y no me gusta ese término. Yo lo defino mejor como "el principal agente integrador del menor"). Como Edusos y Edusas creo en la necesidad de ser conscientes de ello y tener esta perspectiva de la "educación generacional" presente. 

La sociedad va avanzando, y con ella la educación que le damos a nuestros descendientes. De esta forma, facilitamos su adaptación e integración social. Sin embargo, hay familias en las que se siguen reproduciendo patrones educacionales que trasmiten a sus hijxs y los cuales no se adecuan a la realidad social actual y/o al propio ser. Ha sido numerosas las veces que he escuchado frases de muchas personas del estilo a: "a mi madre le pasó lo mismo", "tengo la misma vida que mi madre tenía a mi edad", "la educación que me dieron mis padres no se adecua a mi forma de pensar como adulto". Estas frases me han llegado en momentos de las vidas de esas personas (desconocidas entre ellas) en las que se dieron cuenta de que estaban reproduciendo ciertos patrones que ni si quiera se acercaban a sus creencias, ideología... y decidieron cortar esa reproducción porque sintieron que nos les dejaba ser cómo completamente ellxs. Es por ello, que considero fundamental el reflexionar siendo críticos en el tipo de educación que queremos darle a nuestros hijxs.
Educar no es fácil. Ni al recién nacido hay que enseñarle desde cero, ni la persona en edad adulta lo sabe todo. Una frase de Montessorri que leí hace poquito define muy bien este párrafo que decía algo similar a esto (escrito con mis palabras):
"porque la infancia es un continuo aprendizaje para ir adquiriendo poco a poco más grados de independencia... hasta que el niñx crea al adulto, a su adulto (que no el adulto al niñx)".

viernes, 23 de agosto de 2019

Procesos continuos, educativos y personales

Creo que cada día invade en mi cabeza procesos de reflexión en el que prima la consciencia de aquello que me rodea. Desde hace unos días, pienso en las experiencias que he vivido, en las hago cada día para ser yo y en las que quiero llegar a cumplir y alcanzar. No es algo de lo que esté constantemente pensado, sino más bien es un proceso de valoración personal continuo. Me dedico tiempo a mí, para valorarme y permitirme momentos de reflexión y valoración. Yo lo veo como una muestra de amor propio. 

Hoy en día, he conseguido y alcanzado sueños en los que tiempos atrás veía demasiado lejos. Cada día me levanto y continuo sembrando por ese camino que yo misma un día había decidido iniciar. Algunos días creía que no había sembrado nada, y otros que había avanzado mucho. Ahora es cuándo estoy viendo esos frutos, cuándo valoro todo mi esfuerzo y todo lo que he conseguido avanzar, aún habiendo pasado incluso varios días grises. Días que también valoro porque todo suma y nada resta.   

Soy de las que pienso que estamos en un continuo aprendizaje vivencial, lleno de experiencias y de procesos educativos. Por muchos conocimientos teóricos que tengamos y que queramos adquirir, uno de los principales procesos de aprendizaje es el de imitación. Que no es lo mismo que el aprendizaje experiencial. Para mí, el aprendizaje por imitación en un adulto profesional es cuándo nos incorporamos a un nuevo empleo y tenemos el primer contacto con el primer compañero de trabajo. Este será el encargado de facilitarnos la nueva incorporación por lo que lo tendremos durante un periodo de adaptación necesario como modelo imitador. Nos fijamos en cómo lo hace hasta llegar a adquirir las habilidades necesarias para continuar el camino solxs. Aquí también continua y sigue nuestro proceso educativo. 

En mi trabajo, desde que entro hasta que salgo, me estoy educando como profesional, no solo de forma autónoma sino también gracias a las relaciones interpersonales con el equipo.  Estoy aprendiendo a manejar tiempos, ha saber manejar situaciones conflictivas o inesperadas, ha aprender nuevos conocimientos útiles y necesarios para ser más competente en mi trabajo. 
Podemos ser adultos con muchos conocimientos, años de experiencia y un sin fin de reconocimientos sociales, y nunca terminará nuestro proceso de aprendizaje. Siempre vendrá alguna persona que nos enseñe algo que nos haga reflexionar y seguir avanzando en nuestra búsqueda de conocimiento social. 

Todas estas experiencias personales y otras tantas que he vivido que se seguiré viviendo, me permiten poder conocerme y educarme para seguir adaptándome a todo lo que la vida me depare. 

Quiero terminar este post tan reflexivo diciendo:
"Considero que como Educadores Sociales debemos de proporcionarnos ese espacio de valoración y de crecimiento personal. ¿Cómo vamos a hacerle creer a la otra persona que tiene un gran poder de superación personal si eso no lo reflejamos en nosotrxs mismxs? Creo de vital importancia que el eduso y la edusa valoren sus procesos de crecimiento personal".  

martes, 23 de julio de 2019

Inclusión social en menores: el reto de la Educación Social

Desde principios de verano, he ido escuchando numerosas noticias a cerca de hechos discriminatorios hacia niños y niñas en actividades lúdicas de verano. Al decir esto, todos hemos traído a nuestra mente dichos casos como el de Irene, la niña con un retraso madurativo que expulsaron de un campamento de verano. O de un niño con autismo que también fue expulsado de un campamento municipal. Estos casos, y otros que podemos escuchar de personas cercanas, tienen en común que por los prejuicios sociales se les discriminan solo por ser "diferentes". ¿Y quién le discrimina? La persona adulta en este caso. ¡Pues vaya ejemplo que le estamos dando a nuestrxs descendientes! Las alegaciones que se han hecho al respecto, hasta dónde sé entre otras, es por falta de personal ya que necesitarían más atención y apoyo individual que al resto de niñxs. Actuando así no aceptamos los ritmos madurativos y procesos autónomos que pueda tener cada persona. Todxs nos desarrollamos a un nivel y un ritmo diferente. Con estos actos discriminatorios hacemos que prime: lo segregado vs inclusión, lo normal vs diferente (¿normal? uff cómo me chirria esa palabra...)...
Las personas adultas a cargo de prestarle un ocio lúdico, también en verano, a nuestros más peques tienen la responsabilidad de hacer que todxs puedan disfrutar y vivir esa experiencia. Ellxs que se encarguen de disfrutar, vivir y experimentar, ya los adultos somos los encargados de facilitarles y adaptarles el camino para que puedan vivir lo más comodxs posible. ¿Adaptar? Sí, con ello me refiero a que sí algunxs tienen cierta dificultad para incluirse en su medio social más cercano, le demos las herramientas y las estrategias para que puedan sentirse bien. Esto requiere un gran compromiso personal y social para conseguirlo. A la vez que una gran conciencia y sensibilización social. Deberíamos adaptarnos a las circunstancias y a los avances sociales facilitándo la vida a todas las personas. En pleno siglo XXI, la inclusión ha llegado al ámbito educativo, lo cuál me alegra mucho y estoy agradecida de ello. Sin embargo, se debe de seguir avanzando para que lleguen a todo el alumnado. Además de que esta inclusión educativa también sea partícipe de una inclusión social, que espero que se vaya desarrollando progresiva y adecuadamente.

Todo lo dicho lo hago desde una perspectiva educativa, inclusiva y social. Si algún empresario con más nociones en números que en inclusión de personas lea esto quizás esto me lo puedan cuestionar. Sin embargo, es aquí también dónde los edusos y las edusas tenemos un gran trabajo por delante: el concienciar y sensibilizar a las personas creadoras de proyectos de actividades lúdicas a que éstas las desarrollen desde una perspectiva inclusiva  (y si no es mucho pedir, también desde una perspectiva de género. Aunque eso de forma paulatina. Se me va la vena ambiciosa jajaja).

Como Educadora Social, quiero que lxs menores puedan participar en actividades dónde no puedan percibir discriminación alguna. Solo quiero recordar, que aprenden por imitación a los humanos y siguiendo los actos de estos.

El mundo es de todas las personas y para todas ellas.

Simplemente con esta publicación lo que he intentado trasmitir es la reflexión de los actos discriminatorios que hacemos lxs adultxs. El mundo se vuelve muy contradictorio si queremos que nuestrxs peques sean incluidas y aún así, nosotrxs seguimos reproduciendo actos discriminatorios. Para que algo no respetuoso al ser humano no se siga reproduciendo, éste debe de ser consciente de lo que hace con sus actos. Aquí está el eduso y la edusa!