martes, 23 de julio de 2019

Inclusión social en menores: el reto de la Educación Social

Desde principios de verano, he ido escuchando numerosas noticias a cerca de hechos discriminatorios hacia niños y niñas en actividades lúdicas de verano. Al decir esto, todos hemos traído a nuestra mente dichos casos como el de Irene, la niña con un retraso madurativo que expulsaron de un campamento de verano. O de un niño con autismo que también fue expulsado de un campamento municipal. Estos casos, y otros que podemos escuchar de personas cercanas, tienen en común que por los prejuicios sociales se les discriminan solo por ser "diferentes". ¿Y quién le discrimina? La persona adulta en este caso. ¡Pues vaya ejemplo que le estamos dando a nuestrxs descendientes! Las alegaciones que se han hecho al respecto, hasta dónde sé entre otras, es por falta de personal ya que necesitarían más atención y apoyo individual que al resto de niñxs. Actuando así no aceptamos los ritmos madurativos y procesos autónomos que pueda tener cada persona. Todxs nos desarrollamos a un nivel y un ritmo diferente. Con estos actos discriminatorios hacemos que prime: lo segregado vs inclusión, lo normal vs diferente (¿normal? uff cómo me chirria esa palabra...)...
Las personas adultas a cargo de prestarle un ocio lúdico, también en verano, a nuestros más peques tienen la responsabilidad de hacer que todxs puedan disfrutar y vivir esa experiencia. Ellxs que se encarguen de disfrutar, vivir y experimentar, ya los adultos somos los encargados de facilitarles y adaptarles el camino para que puedan vivir lo más comodxs posible. ¿Adaptar? Sí, con ello me refiero a que sí algunxs tienen cierta dificultad para incluirse en su medio social más cercano, le demos las herramientas y las estrategias para que puedan sentirse bien. Esto requiere un gran compromiso personal y social para conseguirlo. A la vez que una gran conciencia y sensibilización social. Deberíamos adaptarnos a las circunstancias y a los avances sociales facilitándo la vida a todas las personas. En pleno siglo XXI, la inclusión ha llegado al ámbito educativo, lo cuál me alegra mucho y estoy agradecida de ello. Sin embargo, se debe de seguir avanzando para que lleguen a todo el alumnado. Además de que esta inclusión educativa también sea partícipe de una inclusión social, que espero que se vaya desarrollando progresiva y adecuadamente.

Todo lo dicho lo hago desde una perspectiva educativa, inclusiva y social. Si algún empresario con más nociones en números que en inclusión de personas lea esto quizás esto me lo puedan cuestionar. Sin embargo, es aquí también dónde los edusos y las edusas tenemos un gran trabajo por delante: el concienciar y sensibilizar a las personas creadoras de proyectos de actividades lúdicas a que éstas las desarrollen desde una perspectiva inclusiva  (y si no es mucho pedir, también desde una perspectiva de género. Aunque eso de forma paulatina. Se me va la vena ambiciosa jajaja).

Como Educadora Social, quiero que lxs menores puedan participar en actividades dónde no puedan percibir discriminación alguna. Solo quiero recordar, que aprenden por imitación a los humanos y siguiendo los actos de estos.

El mundo es de todas las personas y para todas ellas.

Simplemente con esta publicación lo que he intentado trasmitir es la reflexión de los actos discriminatorios que hacemos lxs adultxs. El mundo se vuelve muy contradictorio si queremos que nuestrxs peques sean incluidas y aún así, nosotrxs seguimos reproduciendo actos discriminatorios. Para que algo no respetuoso al ser humano no se siga reproduciendo, éste debe de ser consciente de lo que hace con sus actos. Aquí está el eduso y la edusa!

No hay comentarios:

Publicar un comentario