miércoles, 2 de octubre de 2019

2 octubre de 2019: celebrando el Día Internacional de la Educación Social


“Nuestra energía es nuestra fuerza”

Cuando me comunicaron el tema de participación en el carnaval de blogs de este año, daba la coincidencia de que unos días antes había escrito un post en el blog sobre la necesidad de dedicarse tiempo (y darse tiempo) a unx mismx. Creo que es  una necesidad emergente en la vida profesional del eduso y la edusa. Diariamente me digo a mí misma, y escucho a mis compañerxs, que necesitan de hacer ciertas actividades diarias en las que recargan y renuevan sus energías diarias. Cada uno busca sus estrategias personales para alimentar a ese "yo interior" y darle las energías necesarias para poder afrontar las nuevas vivencias con fuerza. Alguien que ni alimenta ni riega ese “yo interior”, podrá estar creciendo profesionalmente pero no personalmente. Considero que ambas deben de ir de la mano. Al menos, eso es lo que yo he experimentado y vivido, y así lo hago en mí día a día. Considero que esa energía favorece a la actitud con la que afrontemos la vida. Como bien expresé en una publicación anterior, antes que profesionales somos personas. Aunque tengamos momentos en los que nos veamos envueltos por esa monotonía diaria o pereza, también es de vital importancia buscar momentos de desconexión profesional y conexión personal, en la que nos auto-enriquezcamos. Y creedme, no solo se rellena ese frasquito interior de energía con unas vacaciones anuales. Quizás, el renovar esa energía interior requiere que nos tomemos un tiempo prolongado y atemporal para volver a las andadas con mayor fuerza. A mí me ha pasado, y a muchxs de los profesionales también. No preocuparxs. Creo que forma parte del crecimiento profesional y personal.
Está claro que cada uno de nosotrxs hemos elegido esta profesión persiguiendo esa vocación y esa pasión que nos sale desde dentro. Ingredientes imprescindibles para luchar contra las injusticias sociales y las situaciones problemáticas que se originan. Somos capaces de movilizar a grandes colectivos en situaciones varias de exclusión social, uniendo todas sus (y nuestras) fuerzas. Por ello, si queremos seguir siendo ese motor de cambio social transcendental, debemos de preocuparnos por nosotrxs mismxs y seguir desarrollando esa fuerza y ese poder interior que todxs llevamos dentro. 

Desde hace unos meses el crecimiento personal ha estado aún más presente en mí. He ido notando que por el nivel de esfuerzo y concentración que requiere mi turno de trabajo actual, he ido adquiriendo nuevos hábitos saludables para evitar esos picos de subidas de estrés y ansiedad. Al trabajar en una jornada laboral en turno rotativo de noches durante un año entero, y sin ser decisión propia, ha hecho que vea el crecimiento personal desde otra perspectiva en busca de nuevas técnicas adaptadas a mi ritmo de vida actual. De mí ha dependido que ese cambio, que al principio veía tan radical y cuesta arriba de afrontar, se convirtiera en algo ya superado. Ha sido uno de los años que he conseguido hacer otras cosas que tenía pendiente de hacer (y otras, que he tenido que pospones). Por ejemplo, me he olvidado de que los lunes existían (¿quién no lo ha deseado alguna vez?) y he podido disfrutar de unas vacaciones en verano (durante hace unos tres años no sabía ni lo que eso era). Como he explicado al principio de este párrafo, he tenido que aplazar algunos propósitos como son el continuar con el deporte. De estar practicar deporte diariamente a no poder practicarlo durante meses pues mi cuerpo no tenía energías suficientes y no podía llevarlo. En la actualidad, he conseguido volver a incorporarlo a mis cuidados personales gracias a los avances en crecimiento personal. Entre las nuevas técnicas que he ido incorporando a mis hábitos de autocuidado destaco: la iniciación a la meditación (lentamente pero ya con resultados que noto), preocuparme más por una alimentación sana (la llamada ahora "Realfood") y aprender a escuchar las llamadas de atención de mi cuerpo. 
Confieso que durante la carrera ya rondaba por mis pensamientos el quererse, el cuidarse y el sanarse. Aunque haciendo una introspección sobre mi persona y teniendo en cuenta el durante (como estudiante) y el después de mi (breve) experiencia profesional afirmo que durante la formación no se da la suficiente importancia a nuestro crecimiento personal. A pesar de que al principio de estudiar, la creencia no la tenía tan clara. Sin embargo, ahora sí que me doy cuenta de que es fundamental que los profesionales de la educación social tengamos esas heridas y situaciones personales cubiertas y sanadas para poder ser el hombro de apoyo socioeducativo de la persona. Solo recuerdo que con una profesora en concreto, tratamos este tema y ahí fue cuándo muchos de mis compañeros y yo fuimos reflexionando sobre nuestra persona.

Si de forma individual cada educador y educadora social se preocupa de ir a estudiar y/o trabajar con esas energías cargadas, todo lo demás vendrá rodado. Soy de las personas que creen que las “buenas vibras” se contagian (al igual que las negativas, obviamente). Las emociones son contagiosas, y de nosotrxs depende que las que transmitamos sean positivas. Esto es muy favorecedor para las intervenciones interdisciplinares o para trabajar en equipo.
En el ámbito laboral del educador social, también es fundamental que dentro de la formación a los trabajadores se dé esa importancia al ambiente profesional de trabajo. Éste también ayuda, y mucho, a que el trabajo fluya. El ambiente laboral debe de estar lleno de energía, y eso se consigue con la suma de todas las energías de los edusos y las edusas de ese equipo. 

Quiero finalizar esta publicación dedicada a la celebración del día de la Educación Social dándo las gracias al Colegio de Educadores y Educadoras Sociales de Cataluña por contad, por tercer año consecutivo, con mi humilde aportación.
¡Sigamos creciendo juntxs!

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